viernes, 27 de febrero de 2026

Estéticas de la intermitencia y políticas de la deserción: de tiburones, cables transoceánicos y el postmundo. Archivo Radio Piedras – Nicolás Jaar

“Conspirar significa literalmente respirar juntos. Contra la asfixia de un mundo cada vez más inhabitable, conspirar es darnos los que necesitamos para vivir ya la vida que queremos” 

Amador Fernández-Savater 

 

“No hay razón alguna para prestar nuestro tiempo a una sociedad que con clara evidencia no está en condiciones de darnos más nada: ni servicios de salud, ni educación, ni paz, ni un salario decente.” 

Franco <Biffo> Berardi 

 

“Pero parece que esa es la batalla de nuestra generación: reconstruir la humanidad de la que los oprimidos nunca pueden desertar, resistir el lujo del nihilismo y, sobre todo, pensar desde Palestina hacia el mundo, y no al revés.” 

Pablo Abufom 

 

“Estamos viviendo tiempos tan difíciles, tan oscuros, que he sentido que, en los próximos años, me gustaría ir de gira y tocar música que dé felicidad, porque está mala la cosa”. 

Nicolás Jaar 


Es agosto del 2025. Nicolás Jaar abre en Concepción la penúltima fecha de su gira por su último disco “Archivo Radio Piedras”. Saluda escuetamente y la transmisión comienza. Enumera desde México hasta el Wallmapu los conflictos, resistencias y luchas contra la extracción masiva de recursos naturales, la persecución, muerte y desaparición de defensores ambientales y, en general, un paisaje de desolación que supone la exaltación del capital frente a la vida: frente a las formas vitales de palpitar en sus distintas expresiones de sentido. La enumeración es certera, por cada uno de los lugares donde ha girado la destrucción de la vida colectiva es regla. Luego un corte. Un corte que aparece como salto temporal donde la Radio pliega temporalidades que resuenan y pueden hablar de un futuro que aún no sucede. Abre un vector que pone en evidencia las consecuencias permanentes de todo lo que segundos antes Jaar denuncia. Ese vector es la Radio como último bastión de un mundo que se fue desmoronando en su exceso de interconexión y retahíla incesante, que rebalsa a cada instante su propio exceso. Excesos que no caben en una vida ni en una generación. Y es sobre esos excesos donde la Radio de Jaar interconecta lo que queda en forma de rastro y huellas de luchas que aguantaron a través de focos encendidos de resistencia. Luchas que podemos conocer por sus transmisiones y por lo que quedó de ellas gracias a la organización de un archivo, al cual la Radio vuelve una y otra vez. Honduras ejemplares que apelan a ser guía dentro del tupido follaje de excesos y sus consecuencias. 

 

Amador Fernández-Savater dice -en “Deserción & Conspiración” (2025)- que organizar “es poner en circulación. Promover lo común entre diferentes para sortear la alternativa infernal entre centralización y fragmentación”. Luego, plantea la pregunta: “¿Qué puede ponerse en circulación?”. Una de las respuestas, en tiempos donde la narrativa dominante es la de la reproducción de una crisis permanente -donde es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo- puede venir en forma de archivo; uno documental, sonoro, internacionalista, donde el fin del internet es una realidad y las ondas electromagnéticas conectan mensajes intermitentes de distintos focos de vida: 

 

Zeta: 1-2-3-4, Aló, Aló… Estoy acá en el bosque. Sé que igual voy a seguir haciendo algún tipo de transmisión para cuando… tengamos el programa de nuevo… ehm, podamos transmitirlo… Nosé qué más decirles en verdad… Vamos a estar bien, creo yo… Como siempre las cosas se ponen mal, pues las cosas se ponen bien de nuevo. Yo creo que vamos a estar bien. 

 

Ere y Zeta, encargados de encadenar mensajes desde distintos puntos, transmiten de forma intermitente. La gracia de las intermitencias es que te da tiempo para respirar; es decir, sacar la cabeza a flote cuando estás intentando nadar en aguas inquietas. Las intermitencias interrumpen aquello que dabas por certero y permanente en su continuidad. Las intermitencias son rendijas por donde entra la luz. Proponen lo que, a decir de Fernández-Savater, instan a un “cambio de mirada”. A suspender la reproducción de un malestar sordo que es sostenido a punta de conexión 24/7; donde todos los lugares están al mismo tiempo; donde los deseos se satisfacen con la inmediatez que alimenta una “sociedad desbordada: Donde la imposibilidad de la atención se ha convertido en un problema de primer orden” -dice Amador en Capitalismo Libidinal-

 

Las 0cho se autoasumen como responsables de un apagón mundial del internet. Lo único que funciona es la Radio que retransmiten mensajes viejos, intercalan canciones de un desaparecido (Salinas Hasbún), con conexiones desde los colonizados territorios Palestinos al Wallmapu. Las 0cho, en su comunicado, establecen que no están en contra del progreso tecnológico, están en contra de las condiciones en que se ha desarrollado tal tecnología: “Si la mayor parte de la nueva tecnología proviene de la experimentación militar, entonces la mayor parte de nuestro mundo estará militarizado. Para que el progreso tecnológico sea fructífero y pacifico, tanto para la tierra como para los humanos, debe nacer en un suelo fértil, fuera de los marcos de pensamientos neoliberales, capitalistas, coloniales y militares (…) La raíz debe ser arrancada. Debemos entrar en un completo, total, blackout.” (Radio Piedras: 28). Las 0cho se basan en lo que los desaparecidos inspiran. 

 

El apagón empezó antes. Cuando los tiburones fueros cercenando los cables marítimos que conectan por fibra óptica los distintos continentes. Cables que fueron trazados en las viejas líneas de telex que comenzaron con la interconexión global buscan inmediatez de la comunicación. La intervención sobre los cables fue el primer gesto de intermitencia y de soberanía por interrumpir tanto las conexiones como lo que allí se transmite: la alta velocidad que transmiten información codificada para la expansión de un capital principalmente financiero “que especulan con nuestro futuro” -dice Ekaitz Cancela en Utopías Digitales. Esta “vida económica de las infraestructuras” que se ven derrumbadas abren paso a organizar de otra forma esta comunicación vital que habita en el ejercicio de hacer común aquello que aparece como fragmentado y diferente. 

 

Jaar le da centralidad a las piedras en su disco. “No es piedra, es flauta / Es piedra, escucha / No es piedra, es arma / Es piedra / Es lucha”. Yo acá le doy centralidad a la pregunta por el “Aquí”. ¿Qué significa ser de aquí? ¿Qué significa ser de aquí en un mundo donde la fragmentación y el desapego marcan la vitalidad de la vida individual y colectiva? Es esta la pregunta central frente a los proyectos alternativos que supone la multiplicidad de las respuestas posibles frente a la deserción, y las posibilidades que abre la intermitencia. Archivo Radio Piedras es una alternativa de esta deserción. Por donde se cuela esta deserción es la rendija de la intermitencia. Una que dibuja el colapso y los focos de resistencia luego del desmoronamiento de la interconexión. Los tiburones lo hicieron posible porque algo vieron que podían morder; en esta oportunidad fueron los cables transoceánicos quizás porque encontraron una respuesta certera a la pregunta por el aquí. Jaar interpela con su propia respuesta sosteniendo la pregunta: 

 

Dime lo que - (Dime lo que) 

Dime lo que - (Dime lo que) 

Dime lo que es ser de aquí. 

 

Si está escrito en los muros, no está escrito en papel 

Si está escrito en los muros, no está escrito en papel 

 

 

Sigue siendo agosto del 2025. La sala 2 de este céntrico teatro en Concepción se va vaciando poco a poco y volvemos al pre-mundo de Radio Piedras. Nos miramos. Miramos nuestros celulares buscando dónde seguir y qué morder para sentirnos aquí intentando ensayar una respuesta. Buscando las intermitencias que permitan seguir respirando juntos. 


Entrevista Nicolas Jaar sobre Archivo Radio Piedras: https://www.youtube.com/watch?v=uWyJ-HN9emg 




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